El trabajo de una vida

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Lectura: 1 Timoteo 5:1-8

Algunos de nuestros amigos han elegido restringir o dejar sus ministerios este año. Lo hicieron para poder cuidar de sus familiares -padres ancianos, cónyuges o hermanos enfermos, o hijos con necesidades especiales. Todos estaban involucrados en obras fructíferas para las cuales eran talentosos de una manera única. Todos creían que había mucho por hacer.

Algunos han elegido reducir el tiempo y la energía que pasaban en dichos ministerios; otros han dejado su trabajo por completo. Estos ajustes han sido difíciles porque el ministerio ha sido el trabajo de una vida; un trabajo en el que invirtieron años de preparación y para el que todavía les quedaban muchos años de servicio.

Sin embargo, se me ocurre que no han renunciado al trabajo de una vida sino que más bien han asumido otro. Amar y cuidar de los demás es el trabajo de nuestra vida, y ocuparnos de aquellos que son «los de [nuestra] casa» es el trabajo más elevado y santo de todos. Negar el amor es alinearnos con un mundo frío e indiferente.

No todos pueden dejar una carrera o llamado para ocuparse de los demás. Puede que las realidades y las obligaciones financieras dicten lo contrario. Pero, ¿no es dicho amor la marca de alguien que hace la obra de Dios? ¿No ha prometido acaso Jesús que cualquiera que dé un vaso de agua fría a alguno de Sus hijos «no perderá su recompensa»? (Mateo 10:42). -DHR

El verdadero amor es acción, no tan sólo sentimiento.

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